Desmemoria Histérica – Por: Jesús David Sánchez

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Escribo este artículo en forma de carta abierta o respuesta al de mi amigo Francisco Gómez publicado en este mismo medio hace apenas unas horas. Y no lo hago con la intención de enmendarle la plana ni llevarle la contraria, sí para tratar de desmontar algunos tópicos y obviedades alrededor de un debate que celebro porque considero necesario y nunca perjudicial.

También lo hago a pesar de que Paco tiene dos ventajas considerables frente a mí a la hora de vender sus argumentos: a él no se le presupone el interés que a mi sí por el cargo que ocupo, y su discurso se resume en una apuesta por la no confrontación (aunque contradictoriamente confronta) y el “pelillos a la mar” que la mayoría compra fácilmente.

Mi único antepasado represaliado tras la guerra fue un bisabuelo materno, ferroviario anarquista de la CNT, que se acabó librando de males mayores por estar casado con la hija del influyente notario de Martos.

Rafael Sánchez, a la derecha, en julio del 39 en el puesto de Algeciras.

Mi tío bisabuelo fue Antonio Pérez, destacado líder falangista en Puente Genil, mano derecha del que fuera alcalde franquista Jesús Aguilar, agitador y bronquista que acabó asesinado en la carretera de La Estación en los días previos a la entrada de los mal llamados “nacionales” a nuestro pueblo. Como mártir, tuvo el honor de que la calle que hoy conocemos como “Poeta García Lorca” llevara su nombre durante décadas. Me reconforta saber que hoy esa calle lleva el nombre de otro mártir de la Guerra que no hizo méritos por la represión violenta.

Mi abuelo paterno, Rafael Sánchez, era conservador, falangista, y lo movilizaron a la Sevilla ya ocupada. Mi primer contacto con textos políticos fueron sus librillos con la teoría de Primo de Rivera. Consiguió plaza de funcionario en el Ayuntamiento gracias a sus servicios prestados durante la Guerra y su reenganche posterior en el puesto de Algeciras, donde cubrían nada más y nada menos que las idas y venidas de los nazis en el paso estratégico durante la II Guerra Mundial.

Mi abuelo Rafael es una de las personas que más ha influido en mi carácter por su talante cariñoso, su sentido común y el amor que nos tenía. Mi abuelo Rafael, que tuvo siempre claro quiénes fueron los suyos, pero al que jamás vi despreciar a los otros, era una buenísima persona. Y como yo, muchos tenemos historias parecidas, por eso no es necesario que nadie nos recuerde que “no hubo buenos ni malos” entre el pueblo a los que sí creemos que es necesario reparar a las víctimas y borrar homenajes a los responsables, que no eran parte de ese pueblo machacado por el conflicto.

No es cierto que los que creemos en la necesidad de la memoria nos victimicemos. En absoluto. Tenemos todo el derecho y la legitimidad de querer vivir en un país lo suficientemente maduro como para desenterrar a los que no tuvieron derecho a la dignidad mientras otros fueron reparados, homenajeados e incluso beatificados. Una anécdota real: cuando en Puente Genil se empezaron a retirar símbolos franquistas, algunos nostálgicos ofendidos acudieron al citado ex alcalde Jesús Aguilar para quejarse. Su respuesta fue muy lúcida: “Nosotros tardamos menos en quitar sus símbolos”.

Jesús Aguilar tenía más razón y sentido común que los que aún hoy, casi cincuenta años después, defienden que no es momento de retirar honores a los represores, que no a las víctimas.  Los franquistas tardaron menos que los demócratas, que vamos muy tarde, en hacer valer sus principios. Es muy triste. Porque la concordia y el respeto NUNCA deben ser excusa para el silencio, el olvido y la irresponsabilidad histórica. Y enlazo con la Transición.

Recuerdo que cuando tú y yo éramos niños y adolescentes, Paco, la Transición era reivindicada sobre todo por “progres” y “rojos”. Cuarenta años después, cuando se le han visto las costuras, y cuando son los mismos los que se siguen tragando sapos, es normal que sea la derecha QUE VOTÓ CONTRA LA CONSTITUCIÓN la que la reivindique como propia. Porque ganaron una vez más: monarquía, estructura del estado, e impunidad para los que aplastaron a buena parte de sus compatriotas no sólo durante la guerra… España ha rendido honores a quienes torturaban a estudiantes durante esa Transición, mucho posterior a la guerra, una Transición que no fue el camino de rosas que nos dijeron y también se saldó con víctimas mortales.

Pero sí, fue un paso y un avance en democracia, es indiscutible. Lo discutible es que tras tantos años, sigamos esperando la normalidad en la retirada de símbolos y reparación que otros países solucionaron hace tantos años.

Y para acabar, es cierto que existen intereses políticos creados en torno a la Memoria Histórica, llevas razón. Intereses por parte de todos los partidos, de todos los medios progresistas y conservadores; intereses más o menos nobles, y eso ya lo decide cada cual en libertad. Sólo recordar que la Ley de Memoria Histórica nació con los votos en contra de dos partidos, uno de derechas que la consideraba excesiva, y otro nacionalista de izquierda que la consideraba insuficiente. A lo mejor eso es señal de que es una ley moderada. En Andalucía, la Ley de Memoria Democrática se aprobó sin votos en contra.

Pero lo bueno, Paco, es que yo llevo razón en una cosa: abordar estos temas no divide, no separa, no enfrenta y no es el apocalipsis que algunos pintáis. Hemos discutido de esto decenas de veces y estoy seguro de que vamos a seguir encontrándonos y estando de acuerdo en muchas más cosas. Discuto igualmente del asunto con mucha gente a la que quiero, respeto y admiro, y creo que somos lo suficientemente inteligentes para saber que seguiremos entendiéndonos. Ése es el triunfo, no de bandos, ni de partidos, ni de políticos de la Transición, sino de la sociedad de la que formamos parte.

Por eso la memoria, ni selectiva, ni escorada, debe ser tabú nunca, ni debemos caer en la desmemoria histérica por no reabrir heridas, que por desgracia, si están cerradas, hay que terminar de cicatrizar.

Pd.- Me debes una hora de sueño.

Jesús David Sánchez Conde