OPINIÓN: Querido troll, tenemos que hablar

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Somos más de 23mil… Y tres o cuatro «listos multiperfil»

Querido troll, o propietario de perfil falso, si lo prefieres, tenemos que hablar… Bueno, mejor no. Creo que ya te hemos «escuchado» demasiado… Así que, cariño, no eres tú, soy yo… tenemos que dejarlo. No es necesario que cierres al salir, ya cerramos nosotros.

Bromas aparte, igual es momento de cuidar algo más el foro de perfiles que no existen, pero que ocultan detrás toda la mala uva del mundo dirigida hacia quien sea, pero sin pagar consecuencias por su opinión. A fin de cuentas, cuando opinamos por la calle o por las redes, pero a cara descubierta, todos somos más razonables, así que puede ser que nos siente bien a todos un poco de «claridad facial»… A fin de cuentas, hasta los troll son maravillosas personas en su perfil público, así que, en el fondo con eso de «caretas fuera» les haríamos un favor.

De todos modos, cuesta tomarse en serio la opinión de un troll, sobre todo porque según la información que nos deja, podría ser un niño de 8 años, un eurodiputado fanático de Álex Ubago o el propio Álex Ubago… Lo único que podemos saber a ciencia cierta es que la persona tras el perfil es cobarde y que no se atreve a dar la cara cuando opina y asumir las consecuencias de esas opiniones y eso, claro, merma mucho la credibilidad de la opinión.

Distinguir a un troll de un ser humano normal es relativamente fácil, aparte de lo obvio (foto de nadie, casi sin publicaciones en su perfil y una interacción circunscrita a los momentos en los que usa su cuenta secundaria):

1_ Nunca aporta nada de contenido ni publicaciones útiles

2_ Jamás ha hecho una crítica constructiva a nadie, que se sepa

3_ Todas las intervenciones que hace suelen ser desde la sabiduría más absoluta que le concede el anonimato

4_ Su ira siempre va orientada hacia el mismo lado porque cuando le da por un tema, una persona o una ideología es muuuuy cansino.

Se podría decir que un troll es un mamífero catarrino que va de perfil por las redes, sin dar su cara de verdad, pero buscando todos los motivos posibles para que se la partan… Es decir: un perfil creado en redes sociales para lanzar opiniones muy vehementes y normalmente cargadas de bilis y líquido de batería a partes iguales… No es culpa suya, es… Su naturaleza; como las medusas (urticantes y difíciles de ver), aunque no quieran no tienen más remedio, están fabricados para hacer el mal… Todos podemos llevar un troll dentro, que a fin de cuentas, no deja de ser una versión de cualquiera de nosotros, si nuestros comentarios no tuvieran consecuencias, párense a pensarlo, es tentador, ¿verdad?

Gente que perfil por las redes… Sin dar la cara, porque van dando todos los motivos posibles para que se la partan (dialécticamente hablando, eh!)

Por todos es sabido que las cavernas de los partidos políticos están alicatadas de trolls y a nivel local no somos una excepción, así que sean dirigidos o sean simplemente simpatizantes/activistas muy motivados, tanto PSOE, como PP e IU (supongo que Cs y Vox también pero irán más cortos de personal), tienen sus «gallitos sin cara» (y algunos también con cara, pero eso para otro día), esperando para contrarrestar cualquier ataque o para lanzarlo contra el adversario a la mínima opción, que para eso están las redes, para crear opinión en positivo o en negativo, pero mejor, vamos a intentar hacerlo a la vista de todos, que es «un poquitín» más ético.

Y vienen de todos los tamaños y colores: desde los inofensivos y risueños, hasta los que por su comportamiento, deben tener una vida sexual muy aburrida; los hay brillantes y sarcásticos, que hasta tendría su gracia leerlos de vez en cuando, o zotes como ellos solos, que no llegan a más que a enlazar tacos como para fundir quince pilas de los aparatos esos de los pitiditos… Pero en general solo son molestos y tampoco se trabajan demasiado sus intervenciones.

Siempre tenemos la opción de desenmascararlo, claro, pero seamos sinceros, requiere esfuerzo y tiempo que no vamos a dedicar y más allá de algún caso muy sonado en que a alguien se le va la lengua, el rumor se extiende y para evitar males mayores, cesa en su actividad sembrando al menos la duda de si «¿de verdad era él?».

Bueno y qué hacemos

Y después de esta parrafada, qué… Pues la solución obvia y en los manuales de gestión de la comunicación en redes sociales viene con letras de neón y flechas de colores: «DONT FEED THE TROLL» o lo que es lo mismo: dejarlos estar y no entrar en enfrentamientos estériles, que al menos de un modo ortodoxo no vamos a conseguir ganar, ni sacar de ello nada mínimamente útil… Entre otras cosas porque no luchamos en igualdad de condiciones, a fin de cuentas, no sé ustedes, pero yo no me metería en un ring a boxear con un tipo que lleva un casco y peto de motocross… Al menos si quiero ganar, claro.

Pero, porque siempre hay un pero, en este caso tenemos una ventaja y es que el foro se puede moderar, así que… queridos administradores, por favor, obren su magia y quitémonos las caretas.