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¿Qué está pasando con el agua?

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La proliferación de cortes en el suministro de agua que se está viviendo en Puente Genil durante los últimos días, está colmando la paciencia de los ciudadanos, que ven como cada vez son más frecuentes las interrupciones, abarcando más zonas del término municipal pontanés y en una franja horaria más amplia. Lo que empezó siendo una avería puntual provocada por la rotura de una tubería en una de las conducciones principales de abastecimiento desde el embalse de Iznajar, ha derivado en una situación sin precedentes en los últimos años que amenaza con convertirse en un serio problema, si no lo es ya, en caso de que la sequía continúe y el otoño no traiga consigo las necesarias y esperadas precipitaciones.

Pero si los cortes de agua, siempre son ingratos y difíciles de soportar para la ciudadanía, éstos también han abierto otro debate en Puente Genil. Emproacsa, la Empresa Provincial de Aguas de Córdoba es la que suministra el agua a los depósitos de la localidad, siendo Aqualia la empresa encargada de la gestión del servicio. Emproacsa explica que la sequía, el aumento del consumo que se está registrando en verano, y el bajo nivel que presenta el pantano de Iznajar, le está obligando a suministrar menos agua a los municipios; y Aqualia se defiende argumentando que con esa reducción no puede prestar el servicio habitual, cosa que obliga a interrumpir puntualmente el suministro para que los depósitos puedan recuperarse minimamente. Sin embargo, todo va en cadena. A menos agua, falta presión para que esta llegue a diferentes zonas de la localidad, y sin presión afloran las carencias en la red, especialmente averías en forma de roturas de tuberías o problemas de bombeo que acaban por agravar la situación.

Tanto Emproacsa como Aqualia sostienen que hacen lo correcto para intentar garantizar el abastecimiento, pero también, a nadie se le escapa que ambas empresas han defendido en meses pasados, con uñas y dientes, sus intereses para convertirse en el operador encargado de gestionar el servicio de agua en Puente Genil en los próximos años, un asunto enquistado que, hasta el momento, no ha encontrado «quorum» en la Corporación Municipal. El alcalde, presidente de Emproacsa, ha sido partidario de la oferta de la empresa provincial, pero el informe encargado a una consultora sobre las «bondades» de la misma para la localidad, no logró el beneplácito de PP, IU y Cs por diferentes razones, con el añadido de que la formación de Jesús David Sánchez plantea abiertamente un modelo de gestión municipal directa que tampoco encuentra apoyos en el resto de grupos, más allá de la simpatía con la que el PSOE vería una gestión desde lo público. Pero tampoco hay que olvidar que Aqualia quiere seguir siendo la concesionaria del servicio en Puente Genil, tal y como lo ha venido haciendo en las últimas dos décadas. La compañía también ha presentado oferta al Ayuntamiento, y más allá de sus discrepancias con el Consistorio, exteriorizadas de manera visible en algunos temas como el de la ‘prorroga tácita’ -que acabó en los tribunales-, no quiere tirar la toalla en su objetivo de continuar en Puente Genil. 

     

Y estando en esas, los cortes de agua nos llegan en el peor momento político, técnico y social que pudiésemos imaginar. A nivel político, porque tras la finalización de la concesión y la posterior prórroga de seis meses, esa falta de consenso institucional ha motivado que Aqualia quede como gestora del servicio en condiciones de provisionalidad y precariedad: a nivel técnico, porque la red de saneamiento y alcantarillado requiere de inversiones cuantificables urgentes para su mejora, unas actuaciones que, viendo lo que estamos viendo, son más necesarias que nunca en muchos puntos de Puente Genil; y a nivel social, porque soportando 40° grados de temperatura un día tras otro, cualquier interrupción del suministro de agua de las siete de la tarde en adelante en una vivienda es poco menos que una temeridad. Precisamente por esto último, toca exigir sensibilidad y correponsabilidad, y es que de la misma manera que a los ciudadanos se les pide un esfuerzo para ahorrar en el consumo del agua, al otro lado también se debe ofrecer transparencia en la gestión y comunicación del problema. Pensemos en trabajadores y trabajadoras que llegan a su casa por la noche y no pueden ducharse, en establecimientos de hostelería que, sin agua, no pueden dar un servicio adecuado a sus clientes en forma de una higiene correcta, o en personas mayores que viven solas, que no tienen Facebook, y que no saben lo que está ocurriendo más allá de que no sale nada por el grifo. El agua es un bien escaso y cada vez más preciado, pero su gestión y prestación como servicio es pública, y, como tal, poner a prueba la paciencia de los ciudadanos, habitualmente, no suele ser una buena idea.

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