Una Subida a Cordobilla desde dentro

65

El refranero popular está ahí para que cualquier persona recurra a la interminable lista de frases que recoge. Uno de ellos dice que “correr es de cobardes”. Tiene guasa y hasta gracia. Aún recuerdo una muñequera que me regalaron y que decía justo lo contrario: “Correr es de valientes”. Esa es la forma de pensar que tienen quienes participan en un clásico de Puente Genil como la Subida a Cordobilla. Esta emblemática prueba de atletismo ha vuelto a celebrarse bajo la bendita normalidad y un sofocante calor. Pero raro es quien hoy no se ha calzado las zapatillas con un pellizco en el estómago e incluso con algún desvelo por la noche. De una manera o de otra, es la primera carrera para quienes se inician en el running. El comienzo de una nueva temporada de carreras. Y eso la convierte en una prueba muy especial.

Uno de los lemas más empleados por los componentes del Club de Atletismo Pontanés “Amigos del Canal” es “kilómetros y sonrisas”. Ellos organizan con todo lujo de detalles una carrera a la que no le falta ni una gota de cariño. Porque durante semanas, la Subida a Cordobilla merece entrenamientos, exigencia, y constancia para disputarla con las mayores garantías posibles. Lo sabe quien ha gastado suela con regularidad este verano, pero más el que la ha preparado recorriendo el circuito de la prueba al menos hasta la archiconocida “cuesta de los huevos” para volver a Puente Genil por la carretera del canal de riego Genil-Cabra.

Subida a Cordobilla

Así de predispuestos se presentaban unos 200 corredores en la Plaza del Ancla para tomar la salida después de guardar un minuto de silencio en memoria de Julián Jiménez. Tan respetable como los que se han visto estos días por el adiós de Isabel II. Ya lo decía el inconfundible speaker Rafa Páez antes de que todos callasen. “Julián, gracias”. Desde arriba seguro que ha visto cómo los asistentes se saludaban y abrazaban efusivamente o cómo se colocaban todos perfectamente para la inmensa foto de familia tomada media hora antes de las 10:00 horas.

¡A correr!

Este domingo no sonó la pistola al apretar el gatillo para marcar el inicio de la prueba por un fallo técnico. Se escuchó algún “¡ya!” para alertar que tocaba hacer gala la icónica frase del atleta Chema Martínez: “No pienses, corre”. Entendida al pie de la letra, no falla para llevarte hasta la meta – no sin sufrimiento – a no ser que una lesión te sorprenda por el camino. Las altas temperaturas ha sido uno de los protagonistas de la mañana para los atletas, que una vez subida la primera rampa de la prueba, todos han tomado posiciones y han hecho grupos. Los expertos, que los hay, en completar la carrera, aseguran que ésta empieza una vez que se sube la “cuesta de los huevos”. Y no les falta razón. Hasta ahí, dosificar es la mejor estrategia para guardar fuerzas. El final es muy exigente y pide piernas.

Después de esa subida en el ecuador de la carrera, la bajada pronunciada y el puesto de avituallamiento te da aaaaalas, y así lo notan quienes han hecho una carrera inteligente. No vuelas, pero casi. La adrenalina es tal que te impulsa a animar a toda aquella persona que participa en la carrera después de adelantarla. Esa energía es capaz de llevarte sola hasta una bajada de tierra en la que tener especial cuidado es obligatorio para evitar resbalones. Pero es previa a la subida de 300 metros en la que el cuerpo se ralentiza. En la que conforme subes, se empina aún más. Ahí los hay que se paran a caminar para coger impulso y quienes tiran de casta y coraje para subirla de una sola vez. Falta el aire, pero el público animoso que te espera cuando enfilas la meta es una motivación digna de vivir desde dentro. Si tienes ganas de practicar un deporte y el running te llama la atención, piensa en ti cruzando una línea de meta mientras los aplausos y los ¡vamos, que ya la tienes! te llevan en volandas. Eso es lo que se siente en Cordobilla cada tercer domingo de septiembre. La sensación de carrera hay que compartirla con el resto de los participantes y en la entrega de trofeos a los ganadores en categoría masculina y femenina. Y se puede hacer mientras esperas para recoger la bolsa del corredor o en la posterior convivencia que se celebra en la aldea.

La que nació como una carrera para “unos pocos” ahora ha ganado en popularidad y expectación. Además del empuje que está aportando a la prueba que cada vez sean más mujeres las que la disputen y que engrosen la lista de componentes del Club de Atletismo Pontanés “Amigos del Canal”. Una familia que está abierta a seguir creciendo.

Precisamente ese carácter se aprecia claramente desde el instante en el que se colocan mesas y sillas en mitad de la calle y en la zona de campo para disfrutar de un arroz sensacional. Para los que hacen cola, sepan que mejor llevar un cartón como bandeja para no quemarnos los dedos. Quema de lo lindo, pero la espera merece la pena. Rambo y Rafa son dos dandys haciendo paellas y lo agradece el paladar.

Después de comer y con el estómago lleno, es el momento del café y de la espera para el sorteo de numerosos regalos donados por los patrocinadores y colaboradores de la carrera. El maestro de ceremonias, Antonio Rivas, es el encargado de monopolizar las carcajadas con su arte micrófono en mano. Otro clásico que garantiza un ambiente sensacional año tras año. Y el año que viene serán veinticinco ediciones. Un cuarto de siglo con el que seguro que se vuelca Puente Genil.