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Hasta siempre Antonio Navarro Carmona

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Hoy se ha ido un gran hombre. Una persona que ha dejado una bonita huella no solo en los más cercanos, sino en todo aquel que compartió un solo instante de su dilatada vida.

Hoy ha muerto un gran marido, padre, abuelo, amigo, empresario y trabajador. Hoy ha dado su último aliento Antonio Navarro Carmona, mi padre.

Han sido casi 93 años muy intensos y unos últimos cuatro meses muy difíciles, “llamando a las puertas del cielo”. Porque él era un buen ejemplo de esa generación que vivió la posguerra y salió de ella fuerte y dura; quizá en exceso, porque le ha costado irse. 

     

Casi 93 años de edad, una infancia en la posguerra y un carácter único

Fue un hombre hecho a sí mismo, y no es una frase hecha vacía de contenido. Vivió sus primeros años en una época más que difícil, con media España enfrentada matándose con la otra media, y le tocó criarse en el campo, con todas las carencias imaginables, en un molino familiar en el que tuvo que empezar a trabajar cuando contaba con menos años que dedos en las manos.

Pero aquello, que otros considerarían casi un drama dickensiano, le permitió forjarse un carácter único, una manera de vivir la vida con optimismo y una capacidad de superación que sus hijos esperamos haber heredado, aunque sea en una pequeña parte.

Fue uno de los mayores ejemplos de persona autodidacta en cualquier ámbito que despertara su interés o respondiera a una necesidad. Con unas nociones muy básicas de “letras y cuentas”, comenzó a formarse en mecánica por correspondencia y, haciendo diariamente decenas de kilómetros en bicicleta —por caminos de los de la época— hasta Osuna, consiguió aprender el oficio.

Después, con lo puesto y con herramientas rudimentarias, muchas de ellas hechas por él mismo, emprendió su primer negocio: un taller de motos y bicicletas junto con algunos de sus hermanos.

Fueron años de trabajo duro y honesto en los que, pese a hacer más amigos que fortuna, consiguió crecer como empresario y crear las dos empresas de camiones y motos que actualmente dirigen, respectivamente, sus hijos Encarni y José Alonso, y que Antonio pudo ver desarrollarse y crecer más allá de su propio impulso.       

Un hombre emprendedor y trabajador, que atesoró más amigos que fortuna

     

Siempre fue generoso (a veces en exceso) con todo aquel a quien pudiera echar una mano. Siempre recordaré sus “batallitas” con el ya legendario padre Celestino en sus recaudaciones de fondos o la construcción de la iglesia de San José, o aquellas primeras cabalgatas de Reyes a los mandos del Vespa Club.

Y todo ello sin contar las decenas y decenas de veces que, a lo largo de mi vida, me han abordado desconocidos con un: “Pero ¿tú eres hijo de Antonio? Pues que sepas que es muy amigo mío”.

A día de hoy, incluso quienes no lo trataron directamente conocen su apellido como sinónimo de motos o camiones en Puente Genil. Y eso, entrar en el imaginario popular, es algo que está al alcance de muy pocos.

Ha sido un hombre longevo y, en los últimos tiempos, cada vez pudo prodigarse menos en la calle, que siempre fue su medio natural. Sociable como pocos, tenía una sonrisa, una broma o una palabra agradable para todo aquel con quien se cruzaba.

“Siempre es mejor un no con cariño que un sí con mala sombra” es una de esas frases que nos deja, a los más cercanos, como auténtica lección de vida.

Activo, con gasolina de alto octanaje y baterías de larga duración, porque con los 85 más que cumplidos y consciente de sus limitaciones —aunque nunca las reconociera— seguía pidiendo cosas que hacer. Quería sentirse útil, vivo y partícipe. Y si nadie le daba alguna tarea, cogía una escoba “para que, por lo menos, esté mejor el suelo que pisamos”. Echando la vista atrás, ha sido toda una fuerza de la naturaleza, dejando una huella imborrable hasta el final: genio y figura.

Actitud ante la vida y los demás: amabilidad, cariño y entrega

Quiero mostrar un sincero agradecimiento, en nombre de toda la familia, a las personas que en los últimos años nos han ayudado a cuidarlo en algún momento de esta última etapa y a hacer sus días un poco mejores.

Gracias a las maravillosas personas de AFASUR, por tanto mimo más allá de la profesionalidad. Y, por supuesto, gracias a quienes han estado con nosotros piel con piel en los últimos años: María, Maritza, Olga, Rocío, Rafi, Alba…

Antonio deja tres hijos orgullosos de su legado; cinco nietas que, en mayor o menor medida, han podido disfrutarlo; y un nieto que descubrirá las historias que le contaremos sobre quién fue su abuelo.

Deja también decenas de sobrinos que sé que lo quisieron, un único hermano superviviente de su numerosísima familia, que lo echará de menos en la distancia, y cientos o miles de amigos y conocidos que, en sus últimas salidas a la calle, paseando —o siendo paseado— por cualquier rincón, lo saludaban y le transmitían un cariño que, aunque su memoria ya no le permitiera recordar, le hacía brotar una sonrisa de afecto y satisfacción.

Porque si algo llenaba a mi padre era sentirse querido. Y sé que, leyendo estas líneas, todo aquel que lo conoció está recordándolo y regalándole su penúltimo sentimiento de afecto.


Audio de una pequeña charla con Ángel Delgado en onda Cero Puente Genil de hace algunos años


Y visitando por penúltima vez alguno de los lugares del pasado remoto donde Antonio fue feliz, queremos compartir con todo aquel que guste, algunas imágenes de Antonio a los mandos de su vespa

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