Antonio Rey, dueño del Bar Rey: «Ya he aguantado bastante, lo más difícil es entrarle a un cliente con copas»

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Pasear por la calle Aguilar en septiembre viene a ser igual que hacerlo en cualquier otro mes del año. Salvo en Navidad, Cuaresma y Semana Santa, única época en la que hay ambiente. Pero de verdad. Y en apenas 150 metros de vía. Los que transcurren entre Fernán Pérez y Amargura. El resto del año, el silencio y la pena se adueñan de una de las calles más conocidas de Puente Genil. Locales cerrados, carteles de “se alquila” o “se vende” figuran en la puerta de muchos negocios. O “cerrado por jubilación”. Eso es lo que aparece tras la reja negra del mítico “Bar Rey”. Después de 25 años atendiendo a clientes echa el cerrojo. “Ya he aguantado bastante”, asegura Antonio Rey con humildad, virtud propia de alguien que conoce los esfuerzos y sacrificios ligados a ponerse detrás de la barra de un bar.

Precisamente por esa forma de ser, Antonio no se siente “El Rey de la calle Aguilar” – aunque lo rece uno de tantos marcos colocados en su local y pese a que un forastero se dirigiese a él así: “Su Majestad, cuando pueda me puede poner usted una copa de vino, ¿por favor?”-. Un cuarto de siglo ininterrumpido trabajando de cara al público da para mucho. Anécdotas, clientes asiduos, otros esporádicos, y algún ilustre como el torero José Luis Moreno. Pero hoy por hoy lo que contemplamos en un bar con esencia. Sin bulla, pero de esos que si las paredes hablaran, nos echaríamos a temblar.

Antonio Rey cumplirá 69 años el próximo 21 de septiembre. Como buen jubilado, ahora dedicará su tiempo a descansar. “Estaré ayudando a mi mujer, compartiendo ratos con mis hijos, mis nietos, recogiendo y limpiando el local de vez en cuando, yendo a mi grupo más a menudo y al Polinario a ver al Salerm Cosmetics Puente Genil. Junto a la Semana Santa, el fútbol es una de las grandes pasiones de su familia. Su hijo “Antoñete” fue jugador del equipo rojinegro durante décadas, y ahora que el primer equipo milita en Tercera Federación “espero que vivamos un año bonito”, aunque con el tiempo veremos “si interesa subir o no” a Segunda Federación, cuarta categoría del fútbol nacional. Se justifica en que “es ahora y hay que buscar mucho dinero para que el proyecto del club sea viable, pero Dios quiera que sí”.

«Cuando puse el letrero de se cierra, los clientes me decían que de eso nada»

Del deporte “rey” (nunca mejor dicho) quiere seguir guardando tantos recuerdos como su bar ha dejado. Por allí han pasado muchísimas personas incluso para desayunar, “aunque desafortunadamente cada vez menos porque las cosas están cada vez peor”. Tirando de memoria, indica que “había momentos que el chorreillo no paraba o que los jóvenes se han ido haciendo mayores”, pero “cuando vienen quieren recordar viejos tiempos y me decían que sacara el chupito del buzón rojo o la carraca en Navidad”. Antonio Rey, su familia, y los amigos de la familia han ayudado a que el bar funcionara durante dos décadas y media. Hace cuatro años aproximadamente, cuando puse el letrero de “se cierra”, le decían los clientes que “de eso nada”, llegando incluso a tapar el letrero en numerosas ocasiones. El cariño y aprecio que se ha ganado este pontanés con el paso del tiempo es incuestionable pese a haber tenido que ser borde con algún cliente.

“Más vale ponerse una vez colorado que cientos amarillo”, subraya Rey. Los inicios del bar fueron fruto de una etapa en la que Antonio comenzó a ayudar a unos tíos suyos que trabajaban en el Bar Rosales, donde apuntó maneras. “Federico Abaurre me decía que estaba aprendiendo rápido”, y vaya si lo hizo. Montó el bar Rey en una época en la que la calle Aguilar no es la misma que ahora. “Me da pena desde hace muchos años, venía en decadencia y se la acabó de cargar la eliminación de los aparcamientos”. Solo durante Navidad, Cuaresma y Semana Santa se convierte en un auténtico oasis para el ocio y la vida social. De hecho, se reafirma en que “son los reclamos de mayor venta en Puente Genil porque se menea todo: cocineros, ayudantes, alpatanas, personal de limpieza, tiendas de comestibles, bebidas, camareros, tiendas de ropa…”.

«Regalaré los cuadros del bar a mi grupo, El Arca de Noé, y al de mi hijo, La Lanza»

La decoración del Bar Rey de Puente Genil se caracteriza por estar llena de cuadros y carteles de Semana Santa, con los cuales Antonio tiene decidido lo que hará. “Regalaré cuadros a mi grupo, El Arca de Noé, y al de mi hijo, La Lanza”. Aunque parezca increíble, “sigo teniendo otros guardados al igual que fotografías antiguas”. Que serán parte del tesoro manantero de Puente Genil no cabe la más mínima duda.

Otro reclamo para los clientes a la hora de acudir a este lugar eran las partidas de cartas. “Había gente mayor que sobre las 11:00 de la mañana se ponía a jugar, jugándose muchos de ellos la convidá”. Se lo tomaban, dice, tan en serio, que varios días les decía “aflojad que parece que os estáis jugando el sueldo y la casa”. Y en ocasiones añadía “os falta sacar las navajas”, lo cual llamaba la atención de quienes pasaban por sus cuatro paredes. “¿Qué están jugando, los titulares o los reservas?”, cuestionaban algunos clientes.

Lo más complejo a la hora de gestionar un bar es “entrarle a un cliente con las copas”, algo que ha curtido a Antonio Rey para dar un par de consejos a quien quiera abrir un local y sumergirse en el mundo de la hostelería. “Paciencia y aguantar a los clientes, porque algunas veces tuve que ser borde, ponerme en mi sitio y soltar alguna bordería”. Y defiende que hay que hacerlo. Al igual que mejorar los derechos y condiciones laborales de las personas que trabajan en bares y restaurantes.

¿Qué será de ahora en adelante del Bar Rey? En su último día abierto al público, la nostalgia poseyó a Antonio porque “todo lo que tiene que ver con recoger y limpiar lo hice más despacio, y eso que yo ya voy a mi ritmo”. De momento la idea de su dueño es alquilarlo, pero “para bar no”. Porque solo habrá un “Bar Rey” en la memoria de todos los pontanos. El de Antonio. Tan clásico como su camisa de cuadros o su bigote.