Las entrevistas de El Pontón, hoy con… JUAN RODRÍGUEZ BACHOT

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Publicado en El Pontón nº 32, abril 1989

Original de Miguel Jiménez López

Juan Rodríguez Bachot apenas lleva un año ejerciendo de Cofrade de Jesús Nazareno, un cargo que viene a ser el de mayor rango y responsabilidad en el mundo cofradiero y de nuestra Semana Santa. No ha sido fruto de la casualidad este nombramiento, pues Juan lleva veinticinco años al cuidado de los detalles más íntimos de Jesús Nazareno y atendiendo con tal entrega su lucimiento en el desfile procesional, que hasta se olvida en esos días de que es hermano de una Corporación Bíblica.

«Nací en la calle Gradillas, así es que ya te puedes imaginar mi orgullo de «isleño». De párvulo estuve en la escuela de doña Julia, en la calle Casares, para pasar después con don Cristóbal Ortega y más tarde a la academia de D. Agustín Rodríguez. Posteriormente ingresé en el seminario a los once años, donde permanecí un curso en Córdoba y el resto en Málaga. Durante los años de seminarista, al llegar al pueblo de vacaciones, las primeras visitas que hacía eran a Carmen Flores, Don Agustín Rodríguez y a mi abuelo, las tres personas muy queridas para mí. A los veintitrés años entendí que el sacerdocio no era mi auténtica vocación y dejé el seminario cuando había terminado el tercer curso de Teología. En el verano siguiente, con permiso del obispado, terminé por libre el cuarto y último curso de esta disciplina. En aquellas fechas los textos de las asignaturas había que estudiarlos en latín y ciertamente no eran demasiado asequibles para cualquiera. Al año siguiente me trasladé a Madrid para comenzar en la Complutense la carrera de Geografía e Historia que terminé en cinco años. Después anduve un año en los madriles, impartiendo clases en un centro privado, hasta que me trasladé al Instituto de Bachillerato «Manuel Reina» donde ejerzo de profesor desde hace veinte años».

En todo este tiempo ha sabido comprender al capillita celoso e insistente que hasta sueña con la cofradía. Ha soportado al Hermano Mayor arrogante y pretencioso con tal de encauzar la pequeña vanidad en favor de la titular. Ha entendido los caprichos del veterano resabiado que quiere hacer valer su antigüedad. En suma, se ha ido curtiendo en la brega año tras año, dirigiendo a unos y a otros al fin último de la cofradía. Comprendió a tiempo que el ser el primero en la dedicación es un buen ejercicio de humildad y que el ejemplo es la forma más hermosa de la autoridad.

«Como es natural durante todos estos dilatados años de estudios estuve forzosamente separado de nuestra Semana Santa, aunque de niño entraba el Martes Santo al camarín para ver vestir a Jesús Nazareno por mi padre y pocos más, ayudaba a limpiar con bicarbonato la cruz de plata y el Viernes Santo por la tarde mi progenitor me subía a las andas para presenciar las reverencias en el pórtico. Desde hace ocho años soy hermano de la Corporación Los Jetones y frecuento con asiduidad la del Primero de la Soledad. También llevo algunos años de Secretario de la Agrupación de Cofradías. En 1964 ya ayudaba a vestir la imagen de Jesús y a exornar el calvario que por entonces se rellenaba de claveles rojos y hojas de brezo. En 1978 se adornaba ya de otra forma pues, además, o en lugar de los claveles se alfombraba el calvario con estatir o iris (lirio de cultivo), ambas flores de color morado.

Yo viví de cerca todo el proceso de la restauración. Los primeros indicios del deterioro de la talla los descubrió Andrés Bojollo que se había percatado de algo extraño en la imagen, desde un balcón. Fue el imaginero Martínez Cerrillo quien al examinar la talla y hurgarle en una pierna, se le metió todo el dedo saliendo después serrín de aquél agujero. De los dos restauradores que se ofrecieron, se escogió al profesor Peláez del Espino que verdaderamente hizo un trabajo muy meritorio. Yo pertenecí a la Comisión de Restauración y lo vi en Sevilla en la madera, desprovisto de barnices y encarnadura. Entonces fue cuando pude admirar los rizos propios del pelo que talló el imaginero. De todo aquello hay un testimonio gráfico en diapositivas que todavía no hemos recogido para tenerlas de recuerdo».

No tiene prisa en conseguir lo que se propone. Sabe que no conviene forzar al destino y tiene confianza en que a la postre todo llegará, a través de su cauce natural a encajar sin violencias ni traumatismos. Tiene la certidumbre que en breve espacio de tiempo o en un plazo algo más dilatado «El Terrible» paseará a hombros nuestras calles, como solía en tiempos más felices. Uno de los aspectos más gratificantes de la tradición es la fidelidad a sí misma.

«EI retirarle las ruedas al paso no es un capricho, es una verdadera necesidad. Ocurre que el Viernes Santo por la tarde cuando le damos la vuelta en el pórtico para recibir las reverencias, los neumáticos están impregnados de cera que resbalan repetidamente produciendo tales vaivenes y vibraciones que a la imagen se le ha abierto una grieta en un pie, lo cual ha producido una cierta alarma en la Cofradía. Hemos encargado a dos técnicos, uno de Lucena y otro de Córdoba (Manuel Arjona, el mismo que restauró los lienzos rasgados) sendos estudios para aliviar de peso el tronco sin tocar el ornamento e. incluso darle un tratamiento con material más ligero al Calvario, que es de tablas. Estos estudios estarán terminados para final de mayo y entonces el cabildo decidirá. La reforma supondría una bancada con varales que sería llevada a hombros por 150 bastoneros en tres turnos: el primero de la ermita a Santa Catalina; el segundo hasta Miragenil y el tercero y más largo hasta su encierro. Esta cuaresma pasada se inscribieron 125 voluntarios a los cuales se les ha enviado una ficha para que la devuelvan con sus datos personales y firmada, adquiriendo un compromiso serio. Pues bien, una vez pasada la Semana Santa, con la serenidad y la reflexión del sosiego, hemos recibido en sólo siete días 55 respuestas formales. Esperamos muchas más, incluso rebajar el número de bastoneros que se precisan. Pero aun así quisiera hacer un llamamiento a la juventud para que se adhiera con voluntad a ese intento de sacar a hombros a nuestro querido Patrón».